Asesino real – Robin Hobb

 

Robin_Hobb_-_Royal_Assassin_CoverTras un buen parón invernal, aquí llego con una nueva reseña. Ojo, que parón invernal no significa parón lector. He leído bastante novela juvenil y las impagables composiciones escritas de todo tipo que me proporciona mi alumnado. Pero libros escogidos por gusto, sin más objetivos que pasar un buen rato… Pues pocos. Pero aquí llega Robin Hobb para remediar esto.

La segunda parte de la trilogía de los Farseer (voy a usar los nombres en inglés, porque, pese a todos mis esfuerzos, me cuesta llamar a Fitz Traspié) nos ofrece una nueva inmersión en el mundo de los Seis Ducados, en sus intrigas y sus magias arcanas, en sus espías y sus luchas de poder. La autora prosigue el argumento (de hecho, no hay apenas salto temporal) que nos propuso en Aprendiz de asesino y vuelve a centrarse en la muy interesante figura de FitzChivalry. Este, tras recuperarse del agónico final del primer libro, vuelve a la corte y allí se enfrentará de nuevo con el loco y poderoso Regal. No quiero desvelar ningún aspecto de la trama que pueda quitarle emoción al libro, pero una de las pegas más importantes que le veo (y, cuidado, que el libro es muy bueno) es precisamente lo planos que resultan algunos personajes. Por ejemplo, Regal es un malo malísimo sin escrúpulos de ningún tipo. Malo, malo, malo. Malísimo. Tan malo que roza lo increíble. Es malo hasta para pedir un vaso de agua. Mu malo. Los personajes buenos también son muy buenos. Excepto quizás Blade, no hay cambios de bando, traiciones o personajes ambiguos. En esta lucha, o vas con Regal o vas con Verity. Sin medias tintas. Estuve los últimos tres capítulos del libro esperando una traición de Chade, de Burrich, de ese personaje genial que es The Fool. Pero nada. Parece que todo el mundo tiene muy claras sus afinidades (¿demasiado claras?). Puede que George Martin me haya acostumbrado mal y ahora desconfío hasta de mi sombra.

Algo que hace excepcionalmente bien la autora es no abusar de la magia. La magia no explica ni justifica todo lo que pasa en los Seis Ducados. De hecho, durante gran parte de la historia, te olvidas de que existe magia. La historia política te mantiene lo suficientemente absorbida como para olvidarte de los fenómenos sobrenaturales. Y entonces es cuando ocurre. La magia aporta una nueva dimensión a todo el conflicto, lo proyecta en todas direcciones. Y el lector disfruta una barbaridad, claro está.

Como principio de verano lector, no está nada mal. Muy recomendable en todos los aspectos.

Si te ha gustado esta novela, no te puedes perder:

Pues mira, como hace mucho que no lo recomiendo, ahí va El nombre del viento. Sé que tiene sus detractores, pero yo me lo pasé pipa leyéndolo.

el nombre del viento

 

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Eleanor Oliphant está perfectamente – Gail Honeyman

eleanorEste libro, el debut literario de su autora, Gail Honeyman, me ha soprendido bastante. Lo novedoso de Eleanor Oliphant se centra en dos aspectos: la perspectiva temporal desde la que está narrada la historia (no nos interesa la tragedia, sino lo que ocurre después de la tragedia) y el desarrollo de los personajes. Bueno, DEL PERSONAJE. Toda la novela orbita en torno a la presencia arrolladora de Elanor. Este libro ES Eleanor.

La historia nos presenta a una mujer rozando la treintena, solitaria y con -claramente- un trauma importante a sus espaldas. La novela desarrolla cómo Eleanor consigue sacar a la superficie los recuerdos reprimidos, mientras su mundo social -vía Raymond- va a ir cambiando lenta pero inexorablemente.

Yo me creo a Eleanor. Por dos razones. La primera es que es un personaje aparentemente fuerte, que aprieta los dientes antes las humillaciones y que, al menos de cara a la galería, vive la vida que quiere vivir y se muestra segura. Tras pocas páginas, el lector constata que esta ordenada y controlada vida es una bomba de relojería psicológica. La segunda razón por la que me creo a Eleanor es que el retrato de la soledad que propone Honeyman me parece muy consistente. Verídico. Y hasta aquí puedes leer si aún no has disfrutado esta novela.

*SPOILER*

El desarrollo del argumento gira en torno a dos temas: la madre/el trauma y Raymond. Podría decir tres temas, pero, en realidad, el cantante es una expresión más del tema de la madre. El tema de la madre es (pese a lo que digan otras reseñas) algo previsible hacia la mitad de la novela. Lo de Raymond, bueno, no termina en “happy ending”, sino en “promising ending”. Puede que esté bien que así sea, aunque estoy segura de que a muchos lectores les habría gustado más un final “made in Hollywood”.

¿Defectos que tenga esta novela? Más que defectos son cuestiones de gusto. La trama entera del cantante se ma ha hecho un poco larga. Estaba clara desde el principio su función de “detonante” de la acción y las referencias al tema a menudo me exasperaban (que probablemente sea esa la reacción que estaba buscando la autora, no digo yo que no). Por otro lado, está el tema de la verosimilitud. ¿Es posible que una niña con un trauma como el de Eleanor llegue a la vida adulta sin apenas atención psicológica? ¿Sin una sola figura de referencia? ¿Sin un solo conocido? Este tardío despertar a la vida me resulta un tanto increíble, aunque, por las razones que he dado antes (esos personajes tan bien hechos y esa soledad TAN REAL), decides aceptar el pacto ficcional y seguir adelante.

Para acompañar esta lectura:

Hablando de personajes desfigurados y superación personal, creo que si te ha gustado esta novela, no te pueder perder esta otra.

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Una temporada en Tinker Creek – Annie Dillard

No hay nada como desconectar completamente de lo que haces a diario para estar

tinker creekverdaderamente de vacaciones. Eso es lo que he hecho esta Semana Santa sumergiéndome de lleno en la vida de Annie Dillard y su Tinker Creek. Nada más alejado del bullicio del instituto que las solitarias tierras llenas de vida del este de los Estados Unidos. Ya lo había leído por ahí y coincido: estamos ante un libro verdaderamente inclasificable.

Este libro pertenece a la interesante colección Libros Salvajes de la no menos interesante editorial Errata Naturae y nos propone una singular combinación de manual divulgativo, diario personal y, sobre todo, reflexión filosófica. A diferencia de Un año en los bosques (también publicado por Errata Naturae), el texto de Dillard se centra más en la reflexión y menos en el diario personal y tal vez por esto me ha resultado (y me parece) un libro menos asequible. Not for everyone, podríamos decir. De todas formas, y como solemos hacer por aquí, vayamos por partes:

  • Divulgación. Para mí, el plato fuerte del libro. La información está bien distribuida, muy bien contada y resulta muy interesante. A partir de cualquier estímulo externo o cualquier reflexión random, la autora nos regala información sobre la vida de las polillas, las costumbres de las mantis religiosas o la vida social de la rata almizclera. Lo mejor del libro.
  • Diario personal. De vez en cuando, la autora deja caer algún dato sobre sí misma, como que superó una grave neumonía o que dedica los inviernos a leer textos clásicos. O que una vez tuvo un gato. Poco más. Esto ya es cuestión de gustos, pero me habría gustado un poco más de vulnerabilidad, algún detalle sobre su vida fuera de la charca, ALGO. Ha controlado mucho qué es lo que nos deja conocer de su vida, sus inquietudes o sus circunstancias. Y ha decidido contarnos apenas nada de todo esto. El resultado es una autora un tanto (para mí, repito) hierática y fría. Como será la cosa que hasta me alegré una vez que menciona que durante cierta observación estaba fumando un cigarrillo porque, pese a que yo no fumo y ciertamente no es un hábito recomendable, por lo menos prueba que es HUMANA.
  • Reflexión filosófica. Bien, es el momento de acordarnos de que el libro se publicó en 1974. Han pasado más de 40 años y todos los años que han pasado se notan en este apartado. Habrá quien lo considere un clásico y quien diga muy convencido que las reflexiones de la autora son universales y eternas, PERO, para mí, todo este apartado tiene un inconfundible tonillo años 70. Las tímidas reflexiones sobre el sentido de la vida, la maldad o las continuas referencias a un Creador han envejecido algo mal. No es que el libro resulte incómodo de leer, es que (yo, al menos) echo de menos algo más de arrojo y algo menos de divagación. Eudora Welty lo dijo mejor que yo (y saco la información de la wikipedia): el trabajo de Dillard es “admirable writing that reveals a sense of wonder so fearless and unbridled… [an] intensity of experience that she seems to live in order to declare, but I honestly don’t know what [Dillard] is talking about at… times.”[11]

Yo tampoco tengo muy claro de qué está hablando, la verdad. Entiendo las alusiones bíblicas y entiendo sus referencias al árbol en llamas (por poner un ejemplo) como una imagen de la revelación (yo lo entiendo en tono budista, pero vete tú a saber) de la VERDAD (así, en mayúsculas) del mundo. Pero hay veces que el objeto de la reflexión se me escapa. Y lo peor es que ese tipo de divagación existencial-religiosa combinado con la observación atenta de la naturaleza puede terminar por configurar una mujer un tanto desenfocada que persigue ratas almizcleras arrastrándose por el suelo mientras murmura algo de un arbusto en llamas y cita los evangelios. Y claro… Digamos que probablemente no era este exactamente el efecto que Annie Dillard buscaba.

Que nadie me malinterprete. El libro tiene calidad literaria y las reflexiones de la autora son interesantes. Y, desde luego, encaja muy bien en el espíritu de la colección Libros Salvajes. Pero la reflexión filosófica ha envejecido y tal vez no haya envejecido del todo bien. Como siempre, juzga por ti mismo.

Para acompañar esta lectura:

Nada mejor que la montaña en estado puro. Ve al monte, conoce los caminos. Explora y siente. [Saco la imagen de aquí: http://www.hotelrestaurantecasamarcos.es/2018/01/07/equiparse-para-hacer-senderismo/]

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Providence – Alan Moore

providence Aunque suelo estar atenta a las recomendaciones interneteras, tengo que reconocer que este libro fue compra impulsiva en librería. La combinación Alan Moore + Lovecraft era demasiado irresistible como para dejarla pasar.

Estamos ante el primer volumen de una aparentemente compleja historia. Todo gira en torno a un personaje, Robert Black, que va adentrándose poco a poco en los misterios de la América profunda (la América subterránea). Lo que empieza siendo un reportaje/libro periodístico (tiene toda la pinta de que) va a convertirse en una historia con una implicación -y un coste- personal mucho mayor para él.

Con una historia todavía en estado embrionario, creo que el punto fuerte de este primer volumen es la creación de personajes. La mayoría de los personajes cuentan con el punto justo de oscuridad, lo que los hace aún más inquietantes. Es mucho más aterrador un personaje normal con un punto de insondable locura que un personaje simplemente  loco. Alan Moore comprende a la perfección las normas del terror; comprende que es el lector el que debe completar las piezas del rompecabezas que va tejiendo. Comprende que no debe ser demasiado explícito pero que no debe dejar lugar a la duda. Comprende que lo realmente aterrador es el detalle y no la truculencia.

Las ideas que presenta Alan Moore son inquietantes en el sentido más tradicional de la palabra. De hecho, al lector acostumbrado al terror no le costará encontrar referencias a relatos clásicos de terror, que contribuyen a crear un universo asfixiante y oscuro en el que el lector de terror se siente como pez en el agua.

En el aspecto formal, me parece especialmente acertada la idea de incluir, al final de cada capítulo, las hojas del diario personal de Robert Black, que actúan como una especie de exégesis de lo vivido en la parte ilustrada. Supongo que habrá lectores a los que les cueste el cambio de código, pero, narrativamente, el diario de Robert Black es una idea genial. Permite llenar los espacios temporales obviados por el cómic y, en ocasiones, practicar cierta metaliteratura. La combinación de estos entreactos narrativos con el clarividente dibujo de Jacen Burrows creo que es difícilmente mejorable.

¿Compraré el segundo volumen? Por supuesto. Sé que mi estancia en Providence no será cómoda y probablmente terminará alimentando mis peores pesadillas, pero no me lo perdería por nada del mundo.

Para acompañar esta novela:

Aunque True Detective tiene sus defectos (en los que no voy a entrar), no se puede negar que retrató bastante fielmente esa América profunda en la que se desarrolla Providence. Aunque un siglo los separe, los títulos de crédito de la serie bien podrían pasar por los del cómic.

 

Rat Queens – Kurtis J. Wiebe, Roc Upchurch

Me enteré de la existencia de este cómic cotilleando a través de Internet y me ha faltado

rat queens

 tiempo para hacerme con él. Spoiler: no me ha defraudado.

¿De qué va Rat Queens? Pues de un grupo de mercenarias de diversas razas que, bueno, hacen sus cositas de mercenarias. De fondo hay una historia aparentemente sencilla (aunque al final de este primer volumen parece que algo se va a complicar la cosa), que funciona como una excusa para lo realmente interesante: la construcción de los personajes.

Manda narices que lo realmente revolucionario de este cómic es algo que, en realidad, no debería ser revolucionario: las protagonistas se comportan como personas normales. O mejor dicho, como mercenarias nigrománticas / guerreras / smidgens normales. Tienen vicios, resacas y (oh, sorpresa) deseos sexuales. Y reparten leñazos, claro, y sufren terribles heridas y tienen sus oscuros secretos. Da gusto encontrarse en un cómic con personajes femeninos que no van embutidos en spandex negro y ponen todo el rato poses absurdas. Y no todas miden 1’80 y pesan 50 kilos. ¡Ah! Y también hay personajes femeninos idiotas o despreciables. Vaya, lo que viene siendo aplicar al mundo del cómic la revolucionaria idea de que la mujer es un ser humano.

Me ha parecido una lectura muy refrescante y divertida y creo que pronto me haré con el segundo volumen.

Para acompañar esta lectura:

En mi adolescencia empezaron a despuntar personajes femeninos algo diferentes, con los que era (algo más) fácil identificarse. De todos, uno de mis favoritos (aunque ya sé que estaba MUY sexualizada) era Bulma, que muy bien podría haber sido la abuela de las Rat Queens.

Bulma

 

La serpiente de Essex – Sarah Perry

la serpiente de essexCasi un año después, resucito el blog para hablar de esta lectura. Esta vez no voy a disculparme por no haber escrito nada en UN AÑO, porque es simplemente la vida la que pasa. Por mucho que lo intentas, no llegas a todo. Peeero, vayamos a lo positivo: reseña habemus.

A pesar de la peligrosa altura de mi pila de pendientes, compré este libro la semana pasada. Una de esas compras impulsivas (shame on me!) basadas en a) comentarios leídos en Twitter, b) faja llamativa y c) portada estéticamente agradable. A pesar de todo esto, de verdad pensaba que mi relación con este libro podría funcionar. Ajá. Pues no. O no del todo. Analicemos las diferencias irreconciliables.

a) El estilo de la autora. Vale. Sí. Te acostumbras. Pero como te acostumbras a estar sentado en una silla ligeramente incómoda. No dejas de pensar que podría ser un poquito mejor. No dejas de pensar en la silla. También es verdad que he notado más vaivenes estilísticos al principio de la obra que al final. Es al principio del libro cuando se produce una memorable conversación en la que un personaje de alta alcurnia va alternando entre expresiones como “se la pela” y conjunciones adversativas como “mas”. Lo de la adecuación lingüística, para otro día.

b) La construcción de personajes. Escritores del mundo, tenéis que saber cuándo parar de atribuir características peculiares a vuestros personajes. Ejemplo ilustrativo. ¿Personaje con una pronunciada cojera? Vale. ¿Personaje con una pronunciada cojera y tartamudo? Bueno. ¿Personaje con una pronunciada cojera, tartamudo, ciego, vestido de bombero, que cree que los extraterrestres vendrán a salvarnos a todos y que colecciona margaritas? UN POCO DEMASIADO. Pues la señora Parker parece estar convencida de que “nunca es demasiado”. De verdad, no hacen falta tantas características peculiares. Los personajes son interesantes por lo que hacen, no por lo que nos cuentan que hacen. La caracterización de Cora Seaborne (mujer que fue torturada por su marido, corpulenta, que combina vestirse de hombre con vestirse con refinados vestidos, coleccionista de amonites, madre de niño autista y con tendencia al lesbianismo) es UN POCO DEMASIADO. Una sola de esas características ya habría dado un personaje interesante y creíble. Todo junto es un amasijo de personajes frustrados, un frankestein de la creación literaria. El resultado de es que, como lectores, no sabemos bien qué es lo importante. Y que no te crees al personaje, claro.

c) La TRAMA EN SÍ. **SPOILER**  Íntimamente relacionado con el punto anterior. ¿Diría un señor bien educado del siglo XIX, en plena reunión social, algo como “se la pela”? ¿Se acostaría una respetable dama soltera con un hombre al que desprecia solo porque “busca un sustituto” de una relación con su amiga? ¿Correría un señor párroco a masturbarse al campo tras un momento de tensión erótica? QUE NO DIGO YO QUE NO PUEDA SER. QUE SÍ. Que eran personas con sus pasiones y que la percepción que tenemos de la época victoriana está distorsionada y todo eso. Que precisamente en eso reside la originalidad de la novela. Pero ocurre como en el punto anterior. A MÍ no me parece verosímil. Está muy lejos de lo que supone la verosimilitud para mí. Y me cuesta mantener “el pacto ficcional”. Vaya, que no me lo creo.

Pese a todo lo anterior, la novela se deja leer. Y es bonita la portada. Sip. Portada preciosa.

En resumen: novela recomendada para los verdaderos fanáticos de la época victoriana a los que no les importe ver a las damas subirse las enaguas y a los caballeros mostrar brazos musculosos y camisas de dejan pechos peludos al descubierto (juro que es cierto). Recordad, “impossible is nothing”.

Para acompañar esta novela:

imposible is nothing

 

Ubik – Philip K. Dick

ubikHe sacado un rato para dar señales de vida en este blog. OJO, que no reseñe no significa que no lea. Tengo unas diez (¡diez!) reseñas atrasadas, algunas clásicas como Middlemarch y otras recientes como Relojes de hueso. Pero para hacer las cosas en condiciones, voy a hablar un poco del último libro que he leído: Ubik de Philip K. Dick.  

Es también el primer libro que leo de un autor al que le tenía muchas ganas y, bueno, la sensación es agridulce.  Por una parte, valoro  la novedad de la trama y cómo ha influido (muy MUY claramente) en otras ficciones posteriores. Por otra, no puedo evitar cierto sentimiento de desilusión. Sé que probablemente estoy ante el creador de la IDEA original, pero la sensación que tengo es la de “esto ya se ha hecho antes”. Si hubiera pillado yo este libro antes de ver Perdidos, antes de leer Pedro Páramo, antes de ver Abre los ojos o Los otros… Mucho antes de ver Matrix. A veces fantaseo con la idea de establecer un ORDEN CORRECTO DE LECTURA universal, una especie de bibliografía cronológica adecuada a la edad y a la capacidad de sorpresa del individuo. En ese ORDEN CORRECTO (estoy abusando de las mayúsculas, pero aquí son muy necesarias), Ubik sería una lectura que habría que hacer al principio de la ciencia ficción, antes de degustar a Borges, a Ballard, a Bioy Casares. Incluso probablemente antes de Neil Gaiman.

¿Es muy pretencioso decir que desde casi el principio de la novela intuí por dónde iban a ir los tiros? Saber (o creer saber) el argumento de la novela no debería impedir su disfrute (ahí tenemos, por ejemplo, esas tramas TAN sorprendentes de Jane Austen), pero en este caso sí es un obstáculo. O al menos lo ha sido para mí. Y sigo teniendo la sensación de que ha desperdiciado con una historia mediocre unas premisas extraordinarias y unos personajes cautivadores.

Para acompañar esta lectura:

Ved Matrix, ved Perdidos, leed a Borges…y que la Fuerza os ayude a hacerlo todo en el orden correcto.